"Allá es"

Tras el horizonte donde sucumbe el sol
hay alguien que me espera y es mi hogar legitimo.
Es allá donde van todas estas palabras en el viento
es donde vuela en libertad, la américa indomable
sobre el jardín del edén, que da paso a este amor,
A este caminante lejano y sombrío.


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"Alusión del llanto sobre la Cripta"

Lo difícil de llorar es secarse el llanto extinto.
Mojarte las manos desde la raíz
Salvar una sonrisa
cuando dentro se desborda el alma.
Lo difícil del llorar es contener el cuerpo
que se desploma fragmentado
sobre la silueta impermeable.
sobre la huella hundida en el páramo
donde se levanta petrificada la tristeza.

Lo difícil de llorar es secarse el llanto.
la sustancia inequívoca de dolor
sobre la estatua vana, que decora
la superficie del descanso eterno.
"La vasta lluvia y la siembra"




El mojado cambia el panorama desde el horizonte,
hasta el rostro pálido del campesino y su siembra.

Con ganas de llorar el cielo se desborda
el pequeño río crece; el pez a la intemperie
mojado por el llanto divino camina a saltos.
Arropado por el suelo desgarrado
Por los sueños despoblados
por el pueblo hundido desde su cimiento
hasta la simiente que dio frutos placenteros.

Ya dispersado el cielo, descarriado el pez
expuesta las ruinas, el sol,
 el devastado huerto
el campesino despavorido llora,
llora y se hunde la tierra en sus pies,
 en el sollozo de la aurora
de una mañana incierta.
donde la lluvia no había caído
donde el pez no había saltado
dónde el campesino valido...
 no pensó perder su sueño.
Sigo

Padre, a ti te sigo desde la infancia,
Más allá del sueño que tuviste un día
Doblegado en tu presente.
Aun incorpórea tu existencia sigo,
sigo aun tus pasos, padre,
infalibles y difíciles de caminar
con la cabeza erguida 
Dueles fuera este cuerpo que no es mio.
Ajeno, reciclable que camina por el mundo.
Dueles dentro,
en esta reliquia irremplazable, Alma mía.
indomable y estéril a lo que afuera
que no es más polvo que germina...

Y al polvo volverá,
a los pies del mismo soplo
al origen que puebla la orilla del mar
alcanzado por las olas
en el páramo del olvido.
Noctámbulo que hace camino

Esta ciudad llevará mi nombre en sus venas,
y mis huellas hundidas en sus calles.

Algún día será mi alma otra que subsista
adyacente en sus desbordes de mares y fronteras.
En sus parques, levantado ante una fría imagen
petrificada de tristeza.
En sus calles desoladas, acaso habitadas de olvido.

El poeta no sucumbe, dicen. -Se divide.
Vuelve el hombre a ser partícula de aire
que arrastra el viento como hoja seca.
Vuelve la sangre de sus venas
al río en el que lo habrán lavado, perfecto.
Al desventurado nimbo del que habrá nacido...

El poeta renace, dicen. En cada sol
en la hierbabuena que mastica el día
en las voz del horizonte
en los libros ocres, y paredes mudas
colmadas de musgos y verdades.


Así,
esta ciudad llevará mi nombre en sus venas
y mi cansancio en sus calles silentes.
Mi cuerpo en su tierra fértil, frívola y ardiente de estío.
Al resucitar en el nombre hecho a llanto
a noches largas, plácidas e inquietas.
Al cantar en la voz de sus gorriones,
Al trillar en el silencio vivo de sus madrugadas.
Si es que llego a morir un día
ya recorrida todas sus calles,
sus valles, inciertos y praderas.
A un amor cobarde

¡Lastima!, es la paga de nuestros errores
cuando no es un final perfecto.
Lo prometiste
ibas a ser feliz, y supongo que lo fuiste.
Me tomé la libertad de dejarte libre
¿Lo recuerdas?
Aquella noche de mis manos, y volaste.
Te quise libre y dejé de necesitarte
si es que acaso te necesité otra día que no fuera domingo.
Mas no fuiste feliz, egoísta.
No fuiste feliz a pesar de que mi felicidad
se sostenía de la tuya.
Porque si eras feliz yo era feliz,
aunque no fuera conmigo
era este felicidad mía.
Lo prometiste, ¿Recuerdas?
Aquella noche mustia
invadida de luces,
el camino largo y tu partida.
Dejé de ser tu jaula y volaste,
dejaste de ser mi anhelo y volaste sin mirar atrás
donde comenzaba el mundo y acabara todo.
Volaste, entonces las lágrimas no faltaron
a tu felicidad no cumplida
a mi felicidad incierta.


X



Un papalote jamás alzará el vuelo
cuando llovizna.
El agua en tierra ahogará sin tiempo
al que no es pez
al que no es paloma
al que se arrastre acaso,
al que no es llovizna.
Este manto triste y frío de nubes grises
sollozo de ángel, sangre de río.
Cae, he invade mis ojos
corre por mis mejillas
y se lleva la tarde lentamente
lentamente.

Un papalote jamás alzará el vuelo
cuando llovizna;
En plena llovizna y estando en tierra
ahogada de muertos
sin tarde y sin prisa.
Sin aire y sin dueño.
Poema a una vecina lejana




Era impredecible esa muchacha, y bella por cierto.
No le bastó con hacer sus sueños realidad,
sus pesadillas fueron como cuentos
para niños que dormir les era imposible en el barrio.
Su realidad carecía de instantes,
hasta que probó vivirla a ratos
y le bastó incontables para ser feliz, y fue feliz por cierto.



Era hermosa,
no cabe en mis ojos el mundo que ocupaba su belleza 
Como tantas rosas que florecidas en su jardín.


"A pesar de que la mañana dormía en sus ojos,
atrapó la tarde en sus manos
y llevó el ocaso hasta su almohada y durmió la noche"
Era indomable recuerdo, insaciable.
Aun así el amor le salia por los poros
y todo lo que tocaba concebía de ella su esencia.

A pesar de todo aquello que habitaba en su ser,
yo no era la luz que brillaba en sus ojos.
Distante fuí como el horizonte
que se hunde en los abismos del olvido
de una tarde sombría,
un esqueleto polvoriento en una esquina de su cochera, un misterio.
Yo no era para ella, y lo sabía.
siendo ella para todos como ese amor incalculable
menos para mí que le amaba a escondidas
con su nombre apenas, con sus días.

Hoy he abierto la ventana y ya no estaba.
Su sueño era de otro que acaso la amaba.
Yo la amé también, a escondida pero amé.
Sin necesitarla, con deseos, sí.
de vivirla como si fuese el último de mis días.

Era impredecible esa muchacha.
Insaciable y llena de deseo.
Era el mundo que necesitaba ver cada mañana
 Al abrir la ventana frente a la suya que hace tiempo estaba cerrada

 IX
Epílogo de nuestro encuentro 
Las malas noticias traen consigo un silencio interminable
intacto y frío como las hojas de un árbol caído.
Así se hizo presente aquella mañana incomparable
Tu voz hundida en el más profundo silencio.
tus ojos, tu rostro completo, tu sonrisa
como recuerdos intactos llevo de aquel día.
No faltaron palabras ante aquel silencio que todo decía.
Me miraste fijamente,
me mediste y me pusiste a tu altura.
Ya había crecido lo suficiente, supongo.
Y sabías que estaba listo para el momento
 en la que tu partida se hizo presente como un capitulo más,
un instante en vida que habría de vivir
en algún periodo irrepetible.

Padre, las veces que he soñado contigo
a sido cuando menos te recuerdo.
Estás o no, intocable, lejano de la cruda realidad
en la que eres simplemente añicos en un sepulcro olvidado.
En el cual me miras y yo te escucho.
Hablo, mas mi voz no es escuchada donde te encuentro
y me es imposible tocarte.
Y admiro que no has envejecido en nada
desde aquella última vez en que nos encontramos
en este mismo lugar de siempre.
Mas yo parezco de tu edad o quizás más viejo
tal vez más que en aquel día en que naciste
para que yo naciera eternamente.
Fuiste valiente a terminar de crecer
ante tantos perjuicios y el epílogo del todo
para enseñarme todo aquello del camino.
Igual fuiste un egoísta y te moriste.
Decías que el universo era demasiado pequeño
y partiste para adelantarte a su encuentro.
¡Eras un cobarde, sabes!
preferiste la soledad antes de detenerte en el camino
te enardeciste en calma,
y en algunos momento de embriaguez
sin reparo me robaste las lágrimas que no había llorado
 hasta ahora que lo hago con tu recuerdo.
Tú muerto sumergido en aquel olvido
Yo vivo y extrañándote la existencia.
Así tenía que terminar nuestro encuentro, padre.
Así tenía que terminar nuestro encuentro
en  éste un más allá inexistente.