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"Al tocar el fondo"

Quiero levantarme una pena
que duerme cabizbaja en mi hombro cada tarde.

Es la pena aquella
la nube gris que se incorpora en mis pupilas
y moja el frente del paso a pronto dado.

Que cansada es la tarde aquella
en la que mis pasos se hunden en el llanto
anubarrado que cae hasta mi huerto.

Quiero levantarme una pena
secarme el llanto extinto
hasta tocar el fondo que siempre espera.

Quiero levantar de pronto y de buena vez
La no asentada cabeza,
el firme paso que me conduce
por los caminos venideros del futuro.
La ausencia del astro menor

Cuando la luna se ausenta
las estrellas respaldan a la noche oscura.
Y cuando las estrellas también se ausentan
¡Qué triste es la noche declamada en mis versos!

Todo lo distante es una oscura silueta
oscura como la noche
Oscuro como el espacio vacío en el cielo
donde no es presente el lucero de plata
y las miles de miradas distantes que nos siguen.

Es mar es intranquilo
Los perros de mi calle caminan cabizbajos,
y sin sombras caminan
y sin calles caminan al sin paradero.

Cuando la luna se ausenta
mi ventana es igual cerrada que abierta.
Es mi verso triste como el feliz que no he escrito.
Es mi guitarra desenfundada
como la voz de un muerto, que cavilo
al deambular por las calles
esperando la madrugada.
"A tu muerte"


Quién iba a prever que aquel silencio inoportuno
sepultaría tu sonrisa.
Temprano a tus cuarentas y tantos
un ser alado en tinieblas atravesó la puerta
y nos dejó en llanto.
¡Qué mañana más fría aquella!
¡qué noticia tan cruda!
¡qué dolor inaguantable ha quedado!
De tan inesperable visita, Padre.
La luna Ausente



Pareciera que te arrastras todos los misterios
de la noche entre los ojos.
Delirante la Saeta se posa ante tus pies
diáfanos sobre la hierba mojada,
y en cada hebra de cabello que reposa
en tu tan lejano horizonte.
Sublime se tejen los sueños de las ninfas del holocausto
y de estas horas condenadas a ver pasar la noche
sin ti a cuestas.


¡Ay de aquellas noches que no te pensara
y me indignara a verte pasar por mi ventana
ahuyenta de los rayos del día!
Era entonces la neblina poseedora de luciérnagas insatisfechas
la que negaba a mis pies de sus pasos,
y a mis ojos del destino abstracto en tu ausencia.


Pareciera que traes contigo todos los caminos recorridos,
y los no recorridos de otros necesitados
del instante único e insomne de tu mirada.
Y los confundes astutamente con los que no recorreré
a falta de unos pasos irreverentes
y de una estrella que me guíe
claramente por los caminos sombríos.
Es difícil, es dura como la imagen inmóvil de un álbol caído
sobre el terreno yermo, la noche sin ti.
Es difícil que se proclamen los noctámbulos en tu ausencia.
En la que se inquieta la marea
que devora la costa roca a roca.
En la que calla el aullido del lobo aguerrido
y todas esas cosas vivientes
como el grillo que obra para sí mismo
sobre tus pasos plantados en la tierra fría.


Pareciera sin tanto parecer que te vence el día nuevamente
y te quedas dormida en mi costado
cubierto de hojas mustias.
Dormida en el hastío
que te arrastra con el viento gélido de la madrugada.


Mas el atardecer de hoy
no trae nuevamente esperanza de tu regreso
y vence en mí, y en mis pasos anticipados,
la neblina que recae sobre el respiro del mundo
sin ti asomada en la ventana
sin ti nadando en mis pupilas.
Sin ti haciendo sombra a la muerte.

Tu Imagen

"Tu Imagen"


Nunca imaginé que llevara en mi sed tu boca.
Signo hipocondríaco de que si no te bebo a besos
esta sed insaciable trataría sorbo a sorbo
de consumirme íntimamente.
La noche, inexperta en fin
nunca falta para incorporarse en mi tristeza
con su ojo de plata y aquel vestido gris
colmado de estrellas.
/La noche sobra cuando no estás
Y de vez en cuando también
me delata el día con su triste amanecer/
Quejumbrosa es la noche en la que tu ausencia
se respalda de la inútil imagen que guarda tu silencio.
No dice palabra;
inepta, no dice palabra,
mas le habla a todo el espacio en que no estás
y da sed a esta boca
que no deja de mencionar tu nombre, mujer.
"Invasión"

Al dormir, puedo escuchar la lluvia
caer como clavos sobre mi tejado delgado
de hierro fundido.
Al viento empalmarse sobre el seto rústico
de madera que cubre mi existencia
dormida al mundo.

Al despertar, el imponente sol
ya ha atravesado la ventana golpeada por el tiempo,
y ha secado por entre sus grietas
el llanto existente de esta vil pobreza.
"Otra llovizna, y nada más"



Chantal, tú no eres tan imponente

como dicen las ráfagas de viento que te rodean.
De pasar, pasar lo tienes descrito
en tu ojo solitario de melancolía;
Que lleva tu cuerpo insomne
al páramo infalible del descanso eterno.
Una borrasca de ira te alimenta
tras el paso indomable
por el cálido Caribe de tu desventura.
Una llovizna tibia
que sorbo a sorbo engorda las presas
mas no delata la esperanza del pueblo
que está atento a tu paso
por el sueño indestructible
que erigió esta patria bendita.

Desprendimiento




Así, como la nube gris sobre el firmamento se incorpora
bajo mis pestañas una borrasca de tristeza se asemeja.
La llovizna es el llanto divino del tiempo
sobre el páramo yermo del hastío.
Y así como aquella llovizna es mi llanto,
un centenal de estrellas que se desploma y gravita
sobre la huella que se incorpora en el pavimento árido,
rústico y sin alma.
El mar abarca todo el deseo del hombre
ensimismado en su proeza.
El barco a la deriva lleva a su lejano oriente
el rostro desmesurado por el sueño incumplido,
el salitre y el llanto extinto de la inepta soledad.
La verdad, es que del mar no tengo dudas.
Es tan profundo como éste abismo oriundo
que oscurece íntimamente mis ojos.
Y que todo aquel espacio que no respiro
a falta de ganas,
y una mujer que me desarme a su antojo
e involucre en mis partes legitimas
la pieza palpable e irritable de tabúes.
Cómo dudar ante tan frívolo mar,
inquietante y a su vez sereno en mi desventura.
Ahora que frente a su inmensidad y lejanía
despido el más vil recuerdo mio del pasado.
Y todo aquel dolor que se desprende de mis pupilas
y terminan agrietando su orilla fusilante
e inquebrantable por las olas.
"Alusión del llanto sobre la Cripta"

Lo difícil de llorar es secarse el llanto extinto.
Mojarte las manos desde la raíz
Salvar una sonrisa
cuando dentro se desborda el alma.
Lo difícil del llorar es contener el cuerpo
que se desploma fragmentado
sobre la silueta impermeable.
sobre la huella hundida en el páramo
donde se levanta petrificada la tristeza.

Lo difícil de llorar es secarse el llanto.
la sustancia inequívoca de dolor
sobre la estatua vana, que decora
la superficie del descanso eterno.


X



Un papalote jamás alzará el vuelo
cuando llovizna.
El agua en tierra ahogará sin tiempo
al que no es pez
al que no es paloma
al que se arrastre acaso,
al que no es llovizna.
Este manto triste y frío de nubes grises
sollozo de ángel, sangre de río.
Cae, he invade mis ojos
corre por mis mejillas
y se lleva la tarde lentamente
lentamente.

Un papalote jamás alzará el vuelo
cuando llovizna;
En plena llovizna y estando en tierra
ahogada de muertos
sin tarde y sin prisa.
Sin aire y sin dueño.

 IX
Epílogo de nuestro encuentro 
Las malas noticias traen consigo un silencio interminable
intacto y frío como las hojas de un árbol caído.
Así se hizo presente aquella mañana incomparable
Tu voz hundida en el más profundo silencio.
tus ojos, tu rostro completo, tu sonrisa
como recuerdos intactos llevo de aquel día.
No faltaron palabras ante aquel silencio que todo decía.
Me miraste fijamente,
me mediste y me pusiste a tu altura.
Ya había crecido lo suficiente, supongo.
Y sabías que estaba listo para el momento
 en la que tu partida se hizo presente como un capitulo más,
un instante en vida que habría de vivir
en algún periodo irrepetible.

Padre, las veces que he soñado contigo
a sido cuando menos te recuerdo.
Estás o no, intocable, lejano de la cruda realidad
en la que eres simplemente añicos en un sepulcro olvidado.
En el cual me miras y yo te escucho.
Hablo, mas mi voz no es escuchada donde te encuentro
y me es imposible tocarte.
Y admiro que no has envejecido en nada
desde aquella última vez en que nos encontramos
en este mismo lugar de siempre.
Mas yo parezco de tu edad o quizás más viejo
tal vez más que en aquel día en que naciste
para que yo naciera eternamente.
Fuiste valiente a terminar de crecer
ante tantos perjuicios y el epílogo del todo
para enseñarme todo aquello del camino.
Igual fuiste un egoísta y te moriste.
Decías que el universo era demasiado pequeño
y partiste para adelantarte a su encuentro.
¡Eras un cobarde, sabes!
preferiste la soledad antes de detenerte en el camino
te enardeciste en calma,
y en algunos momento de embriaguez
sin reparo me robaste las lágrimas que no había llorado
 hasta ahora que lo hago con tu recuerdo.
Tú muerto sumergido en aquel olvido
Yo vivo y extrañándote la existencia.
Así tenía que terminar nuestro encuentro, padre.
Así tenía que terminar nuestro encuentro
en  éste un más allá inexistente.
VIII 
 Aquel despertar

Miré en tus ojos un abismo en soledad.
Cuando fui a rescatarte de aquella oscuridad
en la que estabas sumergida con mi luz
tu sombra se alejó enmudeciendo mis pasos
hasta el abismo en el cual desperté
malherido llorando tu muerte.
VII

Silencio y nada más...

Siempre es lo mismo; Lo mismo siempre del todavía.
Reina del silencio, rey del mismo,
esclavos huecos y sin ruido.
es este infierno que habito cuando no te tengo.

Por eso amo las cosas sencillas,
y las complejas que llevo las amo también de igual manera.
Porque son como campanas que resaltan ante el tiempo,
y el silencio viejo que habita como enigma
en los rincones de esta casa,
de esta alma despoblada que lleva el viento consigo
a tu más hermoso recuerdo.
V


Sentires 

Las cosas distantes son tan hermosas,
que tenerlas cerca es una simple utopía.
Por eso te prefiero donde estás, distante.
Donde no puedo tocarte ni sentirte,
pero si soñarte.
IV
Ingenuidad
Necesito amarte en silencio, en silencio amarte.
tras el ruido de una inerte soledad, soledad inerte.
Inerte como todas las cosas que no hacen ruido.
que no hacen más que amarte en su condenado callar.
Es allí donde prefiero amarte; Amarte prefiero,
amarte en paz.
Porque amarte en silencio necesito;
en silencio amarte, en soledad amar.

Aunque amar no es necesitarte
desearte, sino quererte.
Entonces amarte en silencio quiero
frente a frente espalda al mundo
y su libertino remate... 
y su ingenuo callar.
Letanías del desencuentro
Quién podría imaginar tanto silencio,
tú frente a tu orgullo de piedra
yo frente a tu boca que no masticaba palabra.
Hubo que profanar ante el viento
aquellas reliquias que fueron deseos
yo volcado como bajel en tu mar,
tú impenetrable como búnker en los riscos.

Avasallado al pensamiento,
busqué el espacio exacto
de llevarte hasta mis brazos cansados de espera,
y te alejabas.
Le hablé a tus oídos y no fui escuchado
le hablé a tu silencio con voz de recuerdo,
a tu alma que entre ojos preferían
mejor los besos que nunca nunca
en mi vida había dado con tanta tibieza.

Vacío regresé tras la puesta del Sol
a mi soledad de puertas abiertas.
A pesar de aquel viaje largo que tomé a tu encuentro.
Del que anduve navegando
entre océanos aislados de incertidumbre
entre costas, cocoteros
y edificaciones de bello placer frente al mar.
No encontré motivos
para decirle que ha éste silencio entre dos,
ha éste silencio infausto,
ha ésta letanía encorvada
no le cabe olvido aunque muera,
aunque mueras,
aunque nos muramos los dos.


VI
 La llama sin humo

 No me ames porque te lo pido...
Por pena siquiera, no me ames.

La pasión a pesar de su complejidad
es deseo propio del individuo, no del ser humano.
Ámame no porque sientas la necesidad
o el deseo de necesitarme, o desearme.

Ámame si estoy o no estoy contigo.
Y si prefieres no me ames, aunque me ames.
No me quieras aunque quieras,
si al final te invade el deseo del olvido.




II


Anclado
No me libres del mar, no me libres.
De sus olas y sus rocas
que son como campo de fusilamiento.
No me libres de su profundidad y lejanía
como rostro reflejado en el olvido.

Déjame perderme en silencio, cabizbajo.
Pensando desde adentro lo injusto que es
no condenarme a tus labios, a tu cintura.
Al cáliz de deseos que llevo dentro;
que llevo fuera de mi proa como gaviota errante.
No me detengas, por favor ¡No lo hagas!
Porque no vale la pena quererte así de esta manera
si la gloria que me toca vivir sin ti en esta cercanía,
me sabe al infierno de quedar anclado en tu partida.
I

No vale la pena quererte así de esta manera.
Háblame de tu silencio
que yo te hablaré del silencio mío.
Háblame, dame razones;
dime que existe un convenio irreductible
 en el cual descanzarán los besos mios en tu boca.
Y entender que lo único que muere entre los dos
es la razón de no entendernos
de no hablarnos, y de así querernos;
de no existirnos.
III
Libre 
Yo te quiero libre como el viento,
sin limitaciones, ni largos mares.
Yo te quiero incondicional de mí...
Incondicional del tiempo.