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"El sonriente" (Micro-cuento)



Era más feo que la oscuridad, y más flaco que el hambre.
Y aun así caminaba por las calles de la ciudad, arrastrando su alegría.

Otros finales



Al Encender las luces, todas.
mató de sorpresa las sombras que entonces le seguían.

El asesino de si-mismo.




















Cuando el asesino regresó ya el muerto no estaba allí,

 y se cabrio al no encontrar el cadáver supuestamente  donde lo había dejado tirado.
-Pero yo disparé directo en la sien. Decía el asesino, una y otra vez mientras la interrogante se le esparcía en la cabeza. Los retratos y enseres estaban estupefactos con el acontecimiento, porque ellos vieron el suceso y entre sus cuerpos inertes se deslizaban los chisguetes de sangre y partes del cerebro que violentamente salieron de la sien de aquel que no daba señales de vida. -¡Coño!... ¿Dónde está?. Gritaba el asesino sorprendido, Mientra buscaba en toda la casa y no encontraba rastro alguno. Pero aun tenía la certeza de que su acto fue efectivo al acabar con aquella vida que sin ser ajena a la de si-mismo no se reflejó en el espejo asustado, mientras este se rascaba la herida ciega en la sien, mitigando la idea de que aquel disparo no falló con su encomienda.

¿Quién le encedió la luz?




Condenado a las sombras de los arboles estuvo todo el día, en la espera de que el Sol que le observaba a los lejos se durmiera detrás del horizonte  en el ocaso, y así divagar libremente a su antojo en calidad de ser noctambulo. Pero, murió  como si nunca hubiese  salido de la sombras de aquellos arboles que le salvaran de si-mismo, cuando sus propias manos le mataron al encender todas las luces del pasillo, de regreso a casa.

¡Ness en el lago!




























El monstruo del lago nunca fue tan feliz en la vida.
Aquel día que emigró con el gran diluvio hasta el lago Ness, en Escocia.
Jamás pensó que iba a ser una gran leyenda de atractivo turístico, 1500 años después
en la imaginación de los mortales que  aun secuestran su falsa historia en las mentes débiles de sus sucesores. Sobre aquel caballo místico que sin necesidad de pasaporte, residencia o seguro social, vino del mar y aterró por siglos una pequeña población pesquera que estaban a orillas de aquel gran lago.
Aun su espectro sale en horas de la noche y de vez en cuando en horas del día
a mitigar el miedo que  le provoca  el solo pensar que una fuerte sequía seque el gran lago
 y le robe la fama que ha labrado en siglos sin mover una sola escama.

El Necrófilo

"Él nunca supo que la muerte yacía en su cuerpo"

José era un joven de unos 27 años de edad, y nunca había tenido sexo con una mujer, hasta el día que su tío Manuel  le diera trabajo en la funeraria. Su primera experiencia fue con el  cadáver de mujer de 80 , que  había llegado aquella mañana al lugar, para ser preparada para el sepelio.  A José, les contenían las ganas a ver los cadáveres de mujeres allí desnudos, y se  llenó aquel cerebro vacío de pensamientos morbosos ante lo que veía. En los días que su Tío Manuel salía a buscar los materiales para la funeraria, José se aprovechaba de su ausencia y fornicaba  todos los cuerpos de mujeres que llegaban para hacer preparados mientras su sed morbosa de la que padecia le goteaba más o más  de su lengua. Un día llegó el cadáver una chica muy joven. De uno 17 años de edad y siendo bella como el pétalo de una rosa mantenía su virginidad intacta(descubrió José). Y al ver  aquel cuerpo angelical allí acostado no desaprovechó la oportunidad y lo hizo suyo una y mil veces en  el tedio del tiempo. Cuando Manuel llegó vio allí el cadáver desnudo, encima de la mesa de preparación y a José a un lado medio asustado al ver la expresión que Manuel había adoptado con lo visto. José no sabía que decir y le dijo que estaba empezando a preparar el cuerpo para cuando llegase Manuel tuviera menos trabajo que hacer.

-             Como es la vida, no! Decía, Manuel.
-             Así es! Respondía, José.
-             Que joven ella y murió de una extraña enfermedad muy                                                contagiosa.
-             ¡…Ah bueno!. No sabia. -dijo José tragándose el día de su muerte. 

"El transeúnte que olía a muerto" (micro-relato)





El matador le dice al transeúnte :
-Toda verdad tiene su precio.
¿Cuál es el tuyo para que permanezcas en silencio?
La verdad que escucha esto, interrumpe en la consciencia del que iba a ser asesinado y en silencio le dijo:
- Ya tu precio ha excedido los limites, a la hora de que digas cualquier verdad nadie más que tú en un espejo roto te la va a creer, porque no eres más que una victima que tiene los ojos bien grandes para mirar y unos oídos bien abiertos que escuchan lo que el silencio ha dejado secuestrado en sus rincones para que así nadie mas que tú lo escuche, como la tierra que cubre aquel cadáver que no ves en ti y nadie más que el tiempo lo verá deteriorar en un rincón oscuro donde solo  el matador y el olor nauseabundo que destila saben donde está. Ya da igual que aceptes o no lo que te ofrezcan, porque no fuiste buscado para esto, tú mismo viniste a ver si te daban al menos una muerte honrada por lo que sabes. Y nadie que tenga una clase social más alta que la que llevas arremangada en el hombro te habrá de escuchar o creer lo que dices como no me quieres crees a mi que he tardado en responder y tratar de salvarte.

"La tarifa eléctrica" (Micro-Cuento)







El bombillo que estuvo encendido toda la vida en el balcón nunca volvió a ver la luz de la luna, después que comenzaron a mandar la factura eléctrica por las nubes.

"La Casa que dejó de ser habitada por fantasma" (Micro-cuento)









Cuando el viento sopló fuertemente, la ventana nunca se dio cuenta de que el clavo que estaba condenado  en la pared iba a romper sus cristales. "¿Quién dejó la ventana abierta?", se preguntaron los cristales rotos. Y los fantasmas que yacían dentro de la casa desde hace años les dijeron en su huida: "¡La libertad, la libertad nos ha llegado!, ¡carajo!"



"Ingenuo, cuál era tu destino"



Cuando Danilo nació  descubrió que la vida era bella aunque no sabia que era realmente vivir.
A los tres años sintió el hambre y el infortunio de sus padres que habitaba en sus bolsillos sin fondo.
A  los diez entendió la pobreza y que esta estaba escrita en las yagas que había en su piel. Comprendió a ver sus pies descalzos y los demás que cubrían los suyos con zapatos que pisaban su sueños.
A los dieciséis comenzó a sentir  un fuerte dolor en su pecho cuando su corazón latía  de amor por una chica  que nunca lo miró por más que suspiró por ella  a cierta distancia.
Danilo  tristemente murió al haber cumplido los dieciocho, cuando el dinero que germinó del sudor en su frente aquel día de estío no dio para la inyección que lo salvara de su desdicha.
Pobre desventurado e ingenuo; Cuál era tu destino niño. Y la suerte que nunca llegó a tocar tu puerta con el tiempo que cicatrizó tu piel, tus manos y tus hombros cansados.
Nunca supiste lo que era estar satisfecho de la vida para contigo mismo y tener el estomago lleno a los cuatro años. 
Nunca viste lo que era realmente la riqueza y  lo valioso que era tu inocencia de niño cuanto soñaste caminar por las playas, dejar tus huellas en la arena y curar tus yagas con las aguas del mar, a los once años.
A los diecisiete, el ser amado y ver que aquella chica sentía algo por ti. A pesar de tu pobreza ella también te quería y no decía nada.
Danilo nunca supiste, jamás te imaginaste  lo que iba a ser de tu vida a los diecinueve, cuando tus padres aun no sabían que se habían sacado la lotería y tú ya no estabas con ellos para cumplir tus sueños antes roto y pisoteado.

La muerte de Sisí.

Sisí nació para ser rey ruiseñor y padre de familia. Germinó  de una raíz campesina y olvidada, en la cual se hizo hombre joven cargando agua en el fuerte  de su lomo. Se durmió un día mientras seguía una estrella, y despertó  sentado en un banco de la ciudad.
Sisí no abandonó a su familia pero ésta si a él  cuando erró al decir los buenos días apenas comenzando la noche.
Sisí celebró su partida con regocijo dejando todo perdido, una semana después lloró su llegada al mundo del nunca jamás. Se vio sólo entre mucha gente y se hizo viejo cargando sus años como sacos de rocas en su lomo herido y sin fuerzas.  El hijo de Madan Inés, cantaba. Ya que no pudo aprenderse otra canción igual. En la ciudad perdida, se sintió artista mientras cantaba una y otra vez la misma canción, lo que sus compañeros de aposento le aplaudían y otros le odiaban al no poder dormir en paz en sus camas de cartones.
 Sisí llegó a ser rey de lo justo y se buscó la vida honradamente. Siempre estaba ahí cuando se le necesitaba y su única exigencia era una taza de café todas las mañanas para mantener despiertos sus ánimos.
Sisí fue padre de familia, al menos eso llegó a creer porque los sueños no fueron injustos con él, como la vida.
 Sisí siempre alimentó a los  perros que velaban sus sueños y a las palomas que le acompañaban en el parque donde dormía, con las míseras migajas que mendigaba de los botes de basura.
El hijo de Madan Inés, cantaba. De día y de noche aun cuando el dolor en sus muelas molidas le destrozaban la lengua.
Sisí Sisí, como le gustaba ese nombre a Jacobo matos Perdomo. Odió tanto su verdadero nombre  como la apostasía de quienes lo juzgaron por su error. Odió tanto aquel paso traicionero de los años que lo llevaron a la muerte donde nadie más que él, lo conocía.
Murió Sisí  sin ser ruiseñor y el  silencio que no olvidó repetir la única canción que tenia escrita en sus labios. Nadie preguntó por su cuerpo  en la morgue  y quien lo preparó para  desecharlo en la fosa de fuego olvidó peinar su cabello a un lado de su frente como le gustaba; como solía hacerlo con sus manos rotas, el pobre de Sisí.

"Soñé que fui suspiro de libertad"

 



Le vi pasar velozmente, erguida en aquella paloma blanca y delgada, con esa cicatriz abierta en su pecho que no vacilaba en ningún momento
en darle la muerte lentamente al derramarse la ultima gota de sangre que manchaba su osado plumaje.
Vi brillar sus ojos y de su voz escuché sus gritos
resonantes y apabullados. y el -Soy libre... Mientras ignoraba que le deparaba la muerte más adelante.
Le vi pasar una y otras vez hasta que cruzó los 7 mares en un velero al igual que ella llamado como su deseo de libertad, ya cuando este naufragaba en el olvido. Estaba yo sentado en una de esas nube plagadas de sueños rotos; de esas que se dispersan para morir sola tratando de alcanzar el horizonte al caer la tarde.

Soñé que fui aquella nube solitaria, y lloví cuando el quebranto arropó el ultimo suspiro de aquella que expiró cuando el brillo fulguroso de sus ojos se fue apagando al no encontrar en el mar mediterráneo suficiente espacio para darse sepultura así misma. Quedando moribunda en los brazos de la muerte le acompañé en su infortunio y seguí lloviendo hasta que no quedó una gota de llanto en mi cuerpo volátil y ya desgastado de tanto llover y llover la muerte de aquella paloma llamada libertad. Cuando desperté me sentí impotente como si me hubiesen cortado las manos y pies, al ver como en manos de la injusticia yacía el cuerpo inmolado de aquella que fue sorprendida rompiendo sus cadenas y lanzando sus mortajas rotas al mar.  Mar que rescató su cuerpo pérfido, delgado y ya mutilado para darle sepultura en un rinconcito de su firmamento azul como Libertad hubiese querido su sepultura, A sabiendas que murió ya no siendo esclava y que la libertad le costó la vida.














Arrepentido ante la misma muerte.

Bajo el ocaso de una noche inolvidable escuchó la triste nota silente que lo estimulaba a seguir hacía el final tentador de aquel camino oscuro, de descanso eterno, de muerte.

Tras el paso de sombras y sombras agonizaban los recuerdos y se desvanecía la esencia de su ser en la oscuridad que dejaba después que los misterios de aquella noche ahuyentara sus sentidos.

Sintió el tacto frío y el corazón de la muerte en sus hombros, mientras se desplazaba de entre otros brazos con la suave melodía que tocaba su voz sonante en el susurro sollozo del viento que acariciaba sus pálidas mejillas.

-Déjame vivir. -dijo.
Para contarle al mundo después
lo que al desearte he sentido.
-Déjame vivir y te prometo
que te espero sentado para cuando regreses.

Despertó en la mañana fría aquel cadáver vivo y resonante con la  luz que traicionó el gran momento de aquella qué allí seguía tan romántica e insurgente, marchitando la flores prohibidas de la vida que decomisó su récord en un imposible suceso que jamás le había pasado a nadie antes de haberse arrepentido al desear la misma muerte.