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Detrás de tu partida.















Al despertar, aquella mirada;
aquella voz distante entre murmullos
solo era la proliferación de la habitual mañana gris
que se adentraba persistentemente por la ventana única
condenada al ultraje del frívolo Sol.
Me abrazaba entonces la mañana fría
a falta de su abrazo siquiera.
Así se hizo sentir su ausencia al regresar
el recuerdo suyo escapando detrás del horizonte
el pleno vuelo.
Dejando mi lecho ungido de su endeble aroma.
dejando en mis manos cicatrices de su osado plumaje.
Dejando en mis labios el deseo de un último beso.
La decrepitud de la tarde tras el horizonte Por el cual marchó
se hizo también recuerdo suyo.
Como las plumas que se desprendían de su cuerpo
Al tocarle el viento que la arrastraba consigo.


Me abrazó frívolamente antes de partir, recuerdo.
Y es el único recuerdo que llevo pasmado desde entonces.
Me desplumó de sí y marchó con mis anhelos de volar a su lado.
-¡Ay por qué le enseñe a volar!
Es hoy mi lamento, martirio y condena
Si a mis intentos de volar a solas
nunca pude despegarme a más de un metro del suelo
donde pisaron alguna vez sus huellas y podía seguir sus pasos.
Al despertar tan solo,
el tiempo se aprovecha y trae consigo
el recuerdo en el cual volaba hasta mi cansancio
en pleno insonmio
.
.

La eterna espera del otoño.




















I
Como la mustia suave y fría,
que yacen entre mis pies desnudos
y en pleno mes de otoño te esperan...

                                             Te esperaré
Sentado en flor estaré entre hojas secas;
entre troncos caídos de un olvido,
estupefacto ante la desnudes de los arboles
que lentamente visten la corteza de los suelos
con la juventud de tu partida.

Sentado el flor estaré en la espera
que corran nuevamente los ríos
entre las venas que e cortado
y el aire que inerte de delirios ha quedado
ahogado entre estas  pálidas paredes
que me separan de tu camino huido.

 II

Tal vez,
haya sido el otoño en mis ojos
o el desvelo de esta noche infausta
responsable de esta ganas, y estos versos
y una que otra cana debajo del sombrero
de recuerdos que acopla la imagen de tu partida
donde no dejo de pensarte y esperarte eternamente.

Es este otoño interminable  he in-saciado de versos
el que anticipa la vejez en mi piel
y deja  atrapada la mustia suave y fría
entre en las cortinas que mece el viento.

Es este otoño insurgente he inquebrantable
el que en si germina el des-concierto
responsable de esta eterna espera
frente al espejo diáfano de la ventana
que para ti aun permanecen abiertas.

Las tristes notas de la noches.














I

Serán así de tristes como estas
las notas que sobre caen en otras ausencias.
Las que vienen con el viento
y el silencio a posarse aquí
donde duerme el desvarío
la hora inerte en tu espera.

Es aquí donde estuvo tu cuerpo desnudo
alguna en mi memoria, flotando. 
Estupefacto y herido de delirios, amándome.
Es aquí donde yacen estas tristes notas,
estas tristes notas silentes que se vierten contra el suelo. 

II

El ruiseñor no ha callado con tu silencio.
Su voz se ha ahogado con tu ausencia
y frente al ventanal inútilmente
se ha postrado en tu espera
como la lenta silueta de la luna sobre tu retrato. 

III

Es notoria tu ausencia, tanto así
que los grillos y las ninfas de las horas
están condenadas a pasar en silencio.

Y nunca fueron tan tristes 
las notas de la noche como estas
para los fantasmas que habitan  en esta casa
De la cual te has marchado con el viento.

TU VOZ EN EL SILENCIO.




















I
¿Por qué siempre esta sensación de escalofríos?
Esta que  siento cuando estoy sentado
frente al ventanal que no ha cerrado
por si vuelves un día
desde aquel en el que saliste evadiendo mi te quiero.

Desde entonces, trato de escuchar lo que fue tu voz
entre los murmullos de las ninfas y la hojas que caen
en este otoño interminable y paralelo en tu ausencia.
Sigue entrando en silencio, el silencio en mi alcoba,
las ventanas abiertas por si regresas un día
ya confiada en mi confianza y te enredes
frágilmente entre mis manos débiles y menguadas.

Sin remedio ni murmúrios aquel silencio
va dejando pasmada en mi débil imaginación
la silueta de tu cuerpo estupefacto, cautivo y desnudo,
entre las frías y desgastadas sabanas que cubren
los restos de este cuerpo diáfano de tristeza por tu ausencia.

II
¿Por qué esta sensación?
Esta que roba las lagrimas que se deslizan
por mis pómulos y caen en el mísero tintero roto
que agobia y realzar tristemente estos versos.

A pesar de la gruesas cobijas enemiga del invierno
y la calefacción que en quebranto
menciona tu nombre en su silbido, siento frío.
Frío fuera y dentro de mi cuerpo y del alma.
Frío fuera y dentro de la imaginación infausta
que camina, se sienta a mi lado y besa mis labios.

Es esta sensación de escalofrío cuando te siento
y no te encuentro…
y no te encuentro y dejo de sentirte compañera
a mi lado cuando despierto,
la que hace que empuñe mis manos
en lo cristales quebrados de la agonía
y este inmenso deseo infalible de probar
por ultima como aquella primera vez tus labios
hoy que aun te espero
mirando las ventanas que no han cerrado
desde que escucho tu voz venir con el silencio.

III
Porque hace tiempo que te espero
Hace una semana, un mes, un año
En estos siglos que han pasado
No has dejado de ser todos mis días
frente al ventanal que no ha cerrado
de lunes a domingo; de enero a diciembre.
hasta el día que regreses y entre de nuevo
abraces mi alma y aplaques mí frío.

Te alejas con el viento.



Desvela mi sueño cada mañana
los rayos del Sol que se asoma en la ventana.
levanta mi espíritu, mi ser  inconsciente
al soñar contigo.

En tus brazos incoherentes, la realidad
ahoga cada noche la frigidez del alma mía
con el calor volcánico  que expulsa
tu cuerpo estupefacto y desnudo de éste otoño triste.

Me basta  solamente con el roce de tus labios
idealizado en el aire para acomodar estos deseos míos.
Me basta, solamente  que me mires o me pienses
de una manera u otra para soñar contigo. (aunque allí no exista).

Qué daría de manos abiertas,
por contar  todo  aquello que he percibido
en  sueños.
Qué más dar sino tengo nada que ofrecer
y me regocijo  en los instantes que tengo para sentirte
al venir con el viento.


A pesar que eres la realidad de otra boca,
otros ojos, de otros brazos, aun hay tiempo;
La esperanza es larga todavía.

Al despertar, los rayos del sol
disipan rápidamente tu imagen que pregunta
dónde te haré realidad.
y le contesto a tu silueta desmembrada por el viento:
  -¡No se!... cuando deje de soñarte.