A un amigo perdido



¿Dónde andarán tus pies?,
¿Qué caminos perdidos recorres
y hieres con tus huellas?.
¿En cuántos ríos te has mirado acongojado
y has dejado que tus sueños en ellos
naden y se escapen de tus manos?
¿Dónde hincas tus rodillas,
y dejas que las yagas repuestas
del viejo camino se desgarren
y tiñan las gravas grises del hastío?
Y me pregunto entonces...
¿Dónde andará tu mirada miope y apagada?
¿Qué horizontes nublados ves caer?
¿Qué noche sin estrellas borra hoy tus huellas?
¿Qué olas y que mares de dudas acarician tus pies cansados?
pensador errante, de horas sin respuestas.

El tercer viento.



Imagen tomada del blog de Paloma blázquez

























No sé qué hago aquí, ni que me trajo.
Y el porqué de estas palabras.
El viento me llamó,
repitiendo una y otra vez mi nombre
y supongo que puso estas palabras en mi boca.
Sé que fue el viento.
El viento sulfuroso e inestable, culpable de estas ganas.
Del escalofrío en mi piel desnuda e insegura de metrallas.
Culpable del silencio, de las mocas y verdades en la boca.

"Qué hago aquí, qué me trajo,
y el porque de estas palabras.
Es lo que no entiendo ahora...
Si era el viento chocado con sus ecos en mis oídos, quien llamaba.
con el grito silente de la madera en la hoguera.
Con los nudos de las orcas comunistas
y estallidos alegres en los gatillos voluntarios.

Eran sus pasos tras los crepúsculos osados y sin rencores
lo que me trajeron hasta aquí.
Lo que pusieron estas palabras en mi boca
y por mis ojos miraba entonces las guerras del eterno invierno.

.EL viento Inexistente
Me ultrajó la garganta Y trilló,
diciendo las verdades que se guardan en silencio.
Sangrando, huyendo de mi pecho ante la muerte
que entonces me había alcanzado insurrecto,
soñando el tercer viento estallando en mi rostro.

#3. "Hijo del aire, hijo de nadie"



















Hijo soy de aire que me pariera
y del sin destino que recorre mis pies.
Crecido con migajas de infortunio,
de matojos sin cátedras de olvido.
Hijo soy del mi mismo en el espejo irreverente,
de mis manos cansadas y bolsillos rotos.
Hijo del tiempo en prostitución.
De la apostasía de dos “Ser” sin mente
que naufragaron en el navío de su indecisión
y al igual que yo, en cuerpo sin alma
en el adiós y hastío.
Hijo soy de luz que se apaga,
La que acoge mis gritos bajo su manto oscuro
y cuida de mí ante mis peores temores.
Hijo soy del aire que me pariera
del mismo que espera en lo eterno
el arrebato de mi último suspiro
para saciar su sed de muerte,
su sed de venganza rencorosa.
Hijo del destino de muerte, seré.
si no levanto mis pies y mi rostro acongojado.
Cabizbajo Si no declaro mi honra ante un futuro
que no me espera para seguir sonriendo.

# 2 Perdonen si he errado.
















Perdonen si he errado,
pero sin entender
los misterios de la vida
ha pasado mi juventud.
Aquí como me ven, sonriente
también padezco soledad
y lloro a ver niños con hambre
construyendo descalzos
un futuro incierto
por las calles angostas
que erigio mi patria
ante lo subordinado.
Aquí como me ven
cortaría mis venas tricolor
por tan solo ver que de mis manos
crece en ellos una sonrisa de felicidad
y no de mentira para ocultar sus dolencias.

‎" Un compañero para tu soledad"



Perdona la hostilidad de mis rosas.
de sus hojas afiladas y sus espinas puntiagudas.
Mi intensión sólo fue endulzarte el alma con su aroma,
"NO" encender iracundo tu dolor;
aquel que secuestras detrás de tu sonrisa
y tu manera sutil de decir que no tienes nada,
cuando te preguntan y volteas la cabeza.

Perdona la hostilidad de mis palabras.
Que claras y certeras han lastimado
cierta herida clandestina en tu pecho;
Pecho que contra el mio se estrella
y comparte en un sólo latir de corazón
lo que sientes,y lo que siento en mí
al escucharlo estrepitoso.

Perdona si las dermis de mis dedos
tu frágil cuello han lastimado.
Si has llegado a mí, con tu rostro cabizbajo
que colmado de delirios e historias
se ha recostado en mi regazo
y has profanado con tus lágrimas mi piel,
y cada tejido que conforma mi cuerpo
en busca de calor para tu frío,
en busca de una compañía para tu soledad,
en busca de caricias para tu necesidad de amor.

El asesino de si-mismo.




















Cuando el asesino regresó ya el muerto no estaba allí,

 y se cabrio al no encontrar el cadáver supuestamente  donde lo había dejado tirado.
-Pero yo disparé directo en la sien. Decía el asesino, una y otra vez mientras la interrogante se le esparcía en la cabeza. Los retratos y enseres estaban estupefactos con el acontecimiento, porque ellos vieron el suceso y entre sus cuerpos inertes se deslizaban los chisguetes de sangre y partes del cerebro que violentamente salieron de la sien de aquel que no daba señales de vida. -¡Coño!... ¿Dónde está?. Gritaba el asesino sorprendido, Mientra buscaba en toda la casa y no encontraba rastro alguno. Pero aun tenía la certeza de que su acto fue efectivo al acabar con aquella vida que sin ser ajena a la de si-mismo no se reflejó en el espejo asustado, mientras este se rascaba la herida ciega en la sien, mitigando la idea de que aquel disparo no falló con su encomienda.

¿Quién le encedió la luz?




Condenado a las sombras de los arboles estuvo todo el día, en la espera de que el Sol que le observaba a los lejos se durmiera detrás del horizonte  en el ocaso, y así divagar libremente a su antojo en calidad de ser noctambulo. Pero, murió  como si nunca hubiese  salido de la sombras de aquellos arboles que le salvaran de si-mismo, cuando sus propias manos le mataron al encender todas las luces del pasillo, de regreso a casa.

¡Ness en el lago!




























El monstruo del lago nunca fue tan feliz en la vida.
Aquel día que emigró con el gran diluvio hasta el lago Ness, en Escocia.
Jamás pensó que iba a ser una gran leyenda de atractivo turístico, 1500 años después
en la imaginación de los mortales que  aun secuestran su falsa historia en las mentes débiles de sus sucesores. Sobre aquel caballo místico que sin necesidad de pasaporte, residencia o seguro social, vino del mar y aterró por siglos una pequeña población pesquera que estaban a orillas de aquel gran lago.
Aun su espectro sale en horas de la noche y de vez en cuando en horas del día
a mitigar el miedo que  le provoca  el solo pensar que una fuerte sequía seque el gran lago
 y le robe la fama que ha labrado en siglos sin mover una sola escama.

El Necrófilo

"Él nunca supo que la muerte yacía en su cuerpo"

José era un joven de unos 27 años de edad, y nunca había tenido sexo con una mujer, hasta el día que su tío Manuel  le diera trabajo en la funeraria. Su primera experiencia fue con el  cadáver de mujer de 80 , que  había llegado aquella mañana al lugar, para ser preparada para el sepelio.  A José, les contenían las ganas a ver los cadáveres de mujeres allí desnudos, y se  llenó aquel cerebro vacío de pensamientos morbosos ante lo que veía. En los días que su Tío Manuel salía a buscar los materiales para la funeraria, José se aprovechaba de su ausencia y fornicaba  todos los cuerpos de mujeres que llegaban para hacer preparados mientras su sed morbosa de la que padecia le goteaba más o más  de su lengua. Un día llegó el cadáver una chica muy joven. De uno 17 años de edad y siendo bella como el pétalo de una rosa mantenía su virginidad intacta(descubrió José). Y al ver  aquel cuerpo angelical allí acostado no desaprovechó la oportunidad y lo hizo suyo una y mil veces en  el tedio del tiempo. Cuando Manuel llegó vio allí el cadáver desnudo, encima de la mesa de preparación y a José a un lado medio asustado al ver la expresión que Manuel había adoptado con lo visto. José no sabía que decir y le dijo que estaba empezando a preparar el cuerpo para cuando llegase Manuel tuviera menos trabajo que hacer.

-             Como es la vida, no! Decía, Manuel.
-             Así es! Respondía, José.
-             Que joven ella y murió de una extraña enfermedad muy                                                contagiosa.
-             ¡…Ah bueno!. No sabia. -dijo José tragándose el día de su muerte. 

# 1. La dolencia que recorren mi patria















¡Oh tierra mia!,  tal vez en ti
 labro inciertamente  mi porvenir.
A ver caer en tu vejez la juventud
de aquellos rostros desmesurados
que recorren tus calles de esquina a esquina.

Juventud y niñez; niñez sin juventud
que venden su sonrisa
y una que otra mentira que corroe en sus bolsillos
las monedas de papel
que no curan  las yagas ulceradas en sus vientres
y  el des-porvenir que labran con sus manos
 ya débiles y menguadas.

Déjame venderte mi sonrisa, claman con los ojos.
Para que la mísera paga que labran en las conciencias
sea el bienestar de lo sufrido,
de lo vivido, y lo soñado.

Yo , que a distancia les venero
y no dejo de pensar en ellos
al sentirme sumergido en su piel plegada de tardes negras
y  en su caminar de noches largas.

Es la dolencia de sus desventuras,
que me condenan al hastío, y a las cicatrices
que de punta a punta erigen en sus sonrisas.
 a fuerza de no gemir, de alegria y de Dios.

Déjame lustrar tus pies niño desventurado.
Y ver en ellos la condena que cicatrizas en tu rostro
que anheladamente mira la blancura de mis codos y rodillas.

Déjame cubrir tus heridas con el telar
de lo que fue  mi inocencia,
y con lo poco de mi buenaventura
envolver tus pies descalzos.