Anhelos Compartidos (Musa Boba)























Acuérdate de mi al despertar
como yo de ti antes de dormir,
y si sientes al suspirar
que el tibio aire de la madrugada
acaricia tu rostro y besa tus labios,
duerme, sueña y piensa en mi
como yo en ti en las mañanas .
Cuando sueño ser el centinela
insomne de tus noches.
y en las mañanas
aquel aire tibio que se cuela por tu ventana
y roza tu piel y besa tus labios.

Acuérdate de mi al despertar
como yo de ti antes de dormir,
y así como he de soñarte en esta soledad
seguir siendo el fantasma
que se posa en los rincones de tus ojos
y verte sonreír cuando te miras en el espejo
que secuestra tu mirada triste
en aquellas noches en que te duermes
mirando las estrellas y la luna
que tanto he de mirar cuando tu ausencia
se retuerce entre la sabana
de mi lecho frío.

Acuérdate de mi al despertar
como yo de ti antes de dormir,
y déjame ser quien
seque el llanto de tu rostro dormido
y hacer contigo en el lecho idealizado
de nuestros anhelos compartidos
mañana en la mañana
la realidad que tanto hemos soñados,
la que tanto en sueños hemos vivido.

Cirio.




















Cuán hermoso ha de ser tu fulgor,
radiante con el cual nos deslumbras la mirada
y nos exalta la piel que nos cumbre y muere.
Que brillantes e intensas son tus flamas,
y mientras más grande es tu llama
más rápido se extingue tu existencia,
como mis sueños al contemplarte.

Mujer de la Sierra

¡Oh mujer que naces entre matojos del olvido
y con triste gemido de niño
dejas tu esencia por donde pasas!
¿Por qué tu rostro acongojado me ha llamado al destierro?
Tú, mujer ciguapeña, bella y arisca,
de  piel velluda  y pies extraños.
¿Por qué Me miras triste y con deseos de amar me hechizas,
mujer extraña de tierra inmaculada, fresca y lejana?
Tú, que vistes el cuerpo desnudo con el pelo largo
suave y lustroso que nace de tus entrañas
y se desborda de tus pensamientos.

¿Por qué la indecisión de haberme amado
si al final me dejas en los brazos depravados
de la muerte que nadie espera?
Yo, que he saciado tu antojo
el deseo carnal que agobió eternamente tu ser
mujer de corazón salvaje y sueños perdidos.
Ahora vociferas mi muerte a ver mi cuerpo allí tendido
en tu lecho de hojas secas
                                 en tus pechos malheridos.
A un amor segundo



Déjame entrar en tu aire, en tu rabia
en el respiro de tus pulmones y respirar contigo.

Déjame ser aquella luz distante
que brilla en tus ojos, el final de tu camino,
el agua que sacia tu sed insaciable.
Déjame ser el calor volcánico
que descansa en tu pecho lleno de vida
en la aurora silente que duerme
en tu cuerpo desnudo, estupefacto
colmado de delirios.
Déjame estar allí, solitario contigo
surcar en tus más profundos pensamientos
o sólo déjame entrar en tu alma compleja y herida,
 para curarte de mí y hacerte sentir lo que siento.

Déjame ser las palabra errada que dices
la parsimonia estancada en tu corazón miope
la razón quemante que desata fervor en lo que piensas,
o sólo déjame ser parte de tu vida, simplemente
ser tu alegría y vivir tus tristezas sin valía,
con mucha  franqueza.



Pintura : Niño y niña mirando la luna


de Norman Rockwell.



Madre Tierra

Traes nuevamente la primavera en mí
y curas las heridas de esta alma miserable;
andante sin rumbo y sombra que le siga.
Traes nuevamente la esperanza entre tus dedos
por la que se cuela el enigma de las llamas vencidas
que renace nuevamente de las cenizas
y emergen de ellas aquella esencia perdida
que llamamos alma y en ti renacen.



Encadenados.




¿Cómo retornar si la distancia nunca estuvo
a menos de tres pasos de nuestra endeble alma?

En esos perpetuos segundos
hicimos efímeros el lapsus fatídico del tiempo,
cuando nuestras razones se perdieron
en algunos versos errados,
que escribieron nuestras manos
cuando más estaban airadas
ante irónicas conclusiones.
Hoy
se apagó la bruma que secuestró nuestros deseos,
con las luces que yacieron de las penumbras escondidas
detrás de nuestras manos.

Y volvemos encadenados
en el cálido respiro que se asienta entre las vainas
que moldean nuestros labios.

Y así conquistamos en tierras perdidas,
las razones para concluir
que nuestro amor nunca estuvo extraviado
entre el frívolo ventarrón
que alegaba nuestras sombras en cada paso.

Arrepentido ante la misma muerte.

Bajo el ocaso de una noche inolvidable escuchó la triste nota silente que lo estimulaba a seguir hacía el final tentador de aquel camino oscuro, de descanso eterno, de muerte.

Tras el paso de sombras y sombras agonizaban los recuerdos y se desvanecía la esencia de su ser en la oscuridad que dejaba después que los misterios de aquella noche ahuyentara sus sentidos.

Sintió el tacto frío y el corazón de la muerte en sus hombros, mientras se desplazaba de entre otros brazos con la suave melodía que tocaba su voz sonante en el susurro sollozo del viento que acariciaba sus pálidas mejillas.

-Déjame vivir. -dijo.
Para contarle al mundo después
lo que al desearte he sentido.
-Déjame vivir y te prometo
que te espero sentado para cuando regreses.

Despertó en la mañana fría aquel cadáver vivo y resonante con la  luz que traicionó el gran momento de aquella qué allí seguía tan romántica e insurgente, marchitando la flores prohibidas de la vida que decomisó su récord en un imposible suceso que jamás le había pasado a nadie antes de haberse arrepentido al desear la misma muerte.

Coloquio al retrato de mi desgracia.

Siempre me postré frente a tus fotos, al ver que sonreían para mí, y fui feliz. Eras la persona en quien descubrí que el amor perfecto no existe y así como es este fue cruel e injusto. Digo esto porque no encontré en ti la oportunidad de ser quien en verdad quería que supieras que era y lo que sentía. Por eso te escribo lo que siento, en esta humilde reflexión de mi alma desolada. Pero la vida tiene que seguir, como siempre a pesar de los tropiezos que el destino que fraguamos poner en el camino. Hoy entiendo completamente que ya no serás más un tropiezo en mi vida. Acepto la responsabilidad, que muero aún por ti y no sabes nada. Eres feliz y eso me hace sentir bien aunque no sea conmigo. A pesar de que tropecé tantas veces con la misma piedra hoy me resigno y te pierdo a verte volar lejos. Al verlos felices sólo me queda reírme de mi miserable alma, ya que es lo único que puedo hacer por la vida que me tocó llevar a cuestas. Lo único que siento (ahora) es que dejas en mí una cicatriz en lo más profundo de mi ser. Sólo me cuesta seguir el camino y no dejar de ser el caminante ya que hoy puedo decir que estoy disponible, expirando cada día más por ése que consideras apto para tu vida…

Carta a la dueña de mi alma

Hoy como cada día no he dejado de comprender que nacer para estar condenado a tu amor fue mi destino incierto. Nunca había sentido esto en mi vida y tampoco precisé sentirlo hasta que tu mirada se perdió con la mía aquella tarde que no recuerdo de primavera. Jamás había visto lo bello que es y lo cruel que puede ser el amor cuando no es correspondido. Desde aquella primera vez he guardado solo y exclusivamente mi corazón para ti cuando realmente no lo merecías.
En aquel camino que tanto había creído ridículo encontré que escribía infinitos versos por cada sensación de amor que surgía en tu ausencia. Aún cierro los ojos e imagino que el susurro del viento que entra por mi ventana es tu respiro. Que el cálido y ligero aire que corre es la esencia de tu cuerpo rozando el mío. Solo me cuesta soñar contigo y idealizar que te tengo a mi lado para sentirme feliz en esta soledad. Ya que ha sido la única forma de aplacar la ausencia de tu cuerpo en mi mundo irreal que es éste en el que vivo. Comprendo los errados destinos de la vida y las dificultades que me distanciaron de tu presencia. este mismo destino que aún estoy viviendo alejado de ti, hoy día me tiene anhelando el momento que sin duda me da esperanza, a pesar de todos aquellos días, meses y años que se han hecho infinitos en mi vivir, que he esperado para poder decirte que el amor que había aún late en el corazón por ti...
Fenix Mariposa

Sin palabras quedaron las rosas
del cada jardín por el cual pasabas.
Salientes se tornaban con esperanzas
y no dudaban de que eras hermosa.
Sin alas vuelas, ágil mariposa,
mientras planeabas más alto en el cielo;
de la cenizas nacen tus alas revoltosas
Del candor sin perder nunca el rumbo de tu vuelo
dejas a toda la casta en desconsuelo
y a los jazmines lardos de orugas amistosas,
y pasas a un vida sin misterios,
y pasas a una vida recelosa.
mientras ellas crecen en tu morada espinosa.
Y vuelves del más allá del umbral que te alumbra
en el cual feneces en la noche de luna llena;
y vuelves a emerger del mausoleo que te ajunta
mientras tus planas y seniles alas
reaparecen en el cálido viento que te moldea.
Concibes entonces en ti el nuevo ministerio;

renaces de nuevo, mueres eternamente en la vida
pero más con la mal coyunda
que no te trajo a tu huerto de nuevo
sino a los miles de miles de recuerdos
que tu frenesí en el tiempo apunta.