Dicen que ofrecer el amor ya ha pasado de moda
Yo quisiera ofrecerte a pesar de todo el amor mio,
comenzando por poner de moda mis manos en tus manos,
y el porvenir en nuestros pies mientras hacemos camino.
Mi abrazo en tu cintura; caminar despacio y ligeros
como a quien lo lleva la brisa.
Ven, quiero poner mis latidos en tu pecho,
y mi silencio en tu silencio
para que me escuches en todas partes.
Ven, quiero poner de moda tu desnudes vestida de mis manos
que también está desnuda.
Atracar en tu puerto, tocar todas tus puertas
Abrigar el invierno en tu piel
el otoño que se deshoja en tu llanto.
Ven, que quiero poner de moda mis besos en tus labios
tus labios que predican futuro en los míos.
Ven...
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De un ánima a la otra
Epilogo incompleto.
Todo se precipitó a mis reencuentros contigo.
Fue una hecatombe de tiempo perdido acaso
un torbellino implacable de sueños Fortuitos,
errando al borde del abismo.
Descendiendo en su irreductible olvido…
La luna, solidaria quedó a mi ventana
y fue buena conmigo, sin saberlo.
¡Ay de aquellas noches en que faltara
en que tardara a acompañarme en mi sufrir!
¡Ay de aquellas noches!
Son los vinos más amargos;
Los rincones más oscuros en mis recuerdos.
Todo quedó como habías predicho
con tu clarividencia miope de horizontes.
De evidencias clandestinas, de libertad y vuelos lejanos.
¡Ay el amor! Ese espíritu indeleble
que fecundó la felicidad a aquellos instantes
que hicimos eternos.
El cual golpeamos fuertemente con nuestras inmadureces
su inculpable veteranía.
¡Ay el amor! Esa inalcanzable utopía
que nos alcanzó desprevenidos y sin tiempo.
Esa inexplicable sin rostro parecido y sin apellido.
Sin sexo, sin dueño
Sin síndrome de edad o fallecimientos.
Se alejó lentamente como le alcanzó la prisa.
Desistió de estos cuerpos moribundos
Y nos dejó tristes y errantes/ Cavilando.
Sangrando la terrible agonía
los desdenes de su eterno hospedaje.
Todo acabó como debía de acabar
En este cuento no compartido.
En esta soledad anticipada y reencontrada
nuevamente en sí misma.
Lo sufrimos todo.
Lo vivimos pie a la letra sin que inmutase una palabra,
o dos puntos suspensivos adheridos a éste final
Le dieran riendas sueltas
A la infame utopía que nos des-conquistó
y no pudimos alcanzar por falta de fuerzas.
Todo se precipitó, todo absolutamente todo.
La lluvia inesperada y sin abriles.
los caminos a sus sombrías farolas
tu pelo a su peine, mi rostro insulso a su espejo.
El desencuentro a sus vías.
El viento frío del invierno al estío
Los navegantes insomnes de tus ojos y los míos
Al Naufragio de aquel mar inconquistable del olvido.
Todo quedó en su ruina edificada…
en su migaja de destiempo
en su lágrima disecada.
Todo acabó.
Regresando taciturnos y cabizbajos
estos cuerpos que habitamos
en la nausea del nunca jamás
del posible imposible...
Hasta las costas del exilio incondicional de la soledad
que siempre (o casi siempre)
espera con sus puertas abiertas.
Si no es que chocamos nuevamente con el amor, ya preparados.
O con la muerte y su discurso fúnebre y silente.
Fue una hecatombe de tiempo perdido acaso
un torbellino implacable de sueños Fortuitos,
errando al borde del abismo.
Descendiendo en su irreductible olvido…
La luna, solidaria quedó a mi ventana
y fue buena conmigo, sin saberlo.
¡Ay de aquellas noches en que faltara
en que tardara a acompañarme en mi sufrir!
¡Ay de aquellas noches!
Son los vinos más amargos;
Los rincones más oscuros en mis recuerdos.
Todo quedó como habías predicho
con tu clarividencia miope de horizontes.
De evidencias clandestinas, de libertad y vuelos lejanos.
¡Ay el amor! Ese espíritu indeleble
que fecundó la felicidad a aquellos instantes
que hicimos eternos.
El cual golpeamos fuertemente con nuestras inmadureces
su inculpable veteranía.
¡Ay el amor! Esa inalcanzable utopía
que nos alcanzó desprevenidos y sin tiempo.
Esa inexplicable sin rostro parecido y sin apellido.
Sin sexo, sin dueño
Sin síndrome de edad o fallecimientos.
Se alejó lentamente como le alcanzó la prisa.
Desistió de estos cuerpos moribundos
Y nos dejó tristes y errantes/ Cavilando.
Sangrando la terrible agonía
los desdenes de su eterno hospedaje.
Todo acabó como debía de acabar
En este cuento no compartido.
En esta soledad anticipada y reencontrada
nuevamente en sí misma.
Lo sufrimos todo.
Lo vivimos pie a la letra sin que inmutase una palabra,
o dos puntos suspensivos adheridos a éste final
Le dieran riendas sueltas
A la infame utopía que nos des-conquistó
y no pudimos alcanzar por falta de fuerzas.
Todo se precipitó, todo absolutamente todo.
La lluvia inesperada y sin abriles.
los caminos a sus sombrías farolas
tu pelo a su peine, mi rostro insulso a su espejo.
El desencuentro a sus vías.
El viento frío del invierno al estío
Los navegantes insomnes de tus ojos y los míos
Al Naufragio de aquel mar inconquistable del olvido.
Todo quedó en su ruina edificada…
en su migaja de destiempo
en su lágrima disecada.
Todo acabó.
Regresando taciturnos y cabizbajos
estos cuerpos que habitamos
en la nausea del nunca jamás
del posible imposible...
Hasta las costas del exilio incondicional de la soledad
que siempre (o casi siempre)
espera con sus puertas abiertas.
Si no es que chocamos nuevamente con el amor, ya preparados.
O con la muerte y su discurso fúnebre y silente.
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De un ánima a la otra
Letanía del Desencuentro.
Quién podría imaginar tanto silencio,
tú frente a tu orgullo de piedra
yo frente a tu boca que no masticaba palabra.
Hubo que profanar ante el viento
aquellas reliquias que fueron deseos
yo volcado como bajel en tu mar,
tú impenetrable como búnker en los riscos.
Avasallado al pensamiento,
busqué el espacio exacto
de llevarte hasta mis brazos cansados de espera,
y te alejabas.
Le hablé a tus oídos y no fui escuchado
le hablé a tu silencio con voz de recuerdo,
a tu alma que entre ojos preferían
mejor los besos que nunca nunca
en mi vida había dado con tanta tibieza.
Vacío regresé tras la puesta del Sol
a mi soledad de puertas abiertas.
A pesar de aquel viaje largo que tomé a tu encuentro.
Del que anduve navegando
entre océanos aislados de incertidumbre
entre costas, cocoteros
y edificaciones de bello placer frente al mar.No encontré motivos
para decirle que ha éste silencio entre dos,
ha éste silencio infausto,
ha ésta letanía encorvada
no le cabe olvido aunque muera,
aunque mueras,
aunque nos muramos los dos.
tú frente a tu orgullo de piedra
yo frente a tu boca que no masticaba palabra.
Hubo que profanar ante el viento
aquellas reliquias que fueron deseos
yo volcado como bajel en tu mar,
tú impenetrable como búnker en los riscos.
Avasallado al pensamiento,
busqué el espacio exacto
de llevarte hasta mis brazos cansados de espera,
y te alejabas.
Le hablé a tus oídos y no fui escuchado
le hablé a tu silencio con voz de recuerdo,
a tu alma que entre ojos preferían
mejor los besos que nunca nunca
en mi vida había dado con tanta tibieza.
Vacío regresé tras la puesta del Sol
a mi soledad de puertas abiertas.
A pesar de aquel viaje largo que tomé a tu encuentro.
Del que anduve navegando
entre océanos aislados de incertidumbre
entre costas, cocoteros
y edificaciones de bello placer frente al mar.No encontré motivos
para decirle que ha éste silencio entre dos,
ha éste silencio infausto,
ha ésta letanía encorvada
no le cabe olvido aunque muera,
aunque mueras,
aunque nos muramos los dos.
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A aquel amor platónico
No es que sienta esperanza de tu abrazo.
Pero algo queda, aun cercano de esta lejanía
aun lejano de encontrarnos frente a frente y sin escasos besos.
Y deshojarnos por completos hasta la raíz
y salvarnos de aquella espina hasta sangrar la inocente cobardía,
que frustró nuestra unión eterna entre dilemas e inciertos.
No es que sienta esperanza de tus besos
a media asta de esta agonía
al saludarnos o despedirnos, siquiera.
Pero algo en tu presencia quebranta aquí en mi alma
la fría oscuridad... que no es tan fría a ratos.
cuando estalla en tu mirada de fluorescencia bengala
aquella luz que me guía en lo oscuro a mí mismo.
¡Lo sabes!
Has visto siempre en mis ojos el niño que soy en tu presencia.
Has escuchado en mi silencio aquello que a palabras en mi boca
no mastico con delicados gestos ni letanías.
Has sentido que hasta en el respiro que se asienta a tu hombro,
al darnos el abrazo que no condena, sin inmutar...
lo inquieta que es esta alma que solo encuentra paz tu lado...
y cuando a tu lado me encuentro conmigo mismo
Espalda al mundo y a nuestro lejano olvido.
Pero algo queda, aun cercano de esta lejanía
aun lejano de encontrarnos frente a frente y sin escasos besos.
Y deshojarnos por completos hasta la raíz
y salvarnos de aquella espina hasta sangrar la inocente cobardía,
que frustró nuestra unión eterna entre dilemas e inciertos.
No es que sienta esperanza de tus besos
a media asta de esta agonía
al saludarnos o despedirnos, siquiera.
Pero algo en tu presencia quebranta aquí en mi alma
la fría oscuridad... que no es tan fría a ratos.
cuando estalla en tu mirada de fluorescencia bengala
aquella luz que me guía en lo oscuro a mí mismo.
¡Lo sabes!
Has visto siempre en mis ojos el niño que soy en tu presencia.
Has escuchado en mi silencio aquello que a palabras en mi boca
no mastico con delicados gestos ni letanías.
Has sentido que hasta en el respiro que se asienta a tu hombro,
al darnos el abrazo que no condena, sin inmutar...
lo inquieta que es esta alma que solo encuentra paz tu lado...
y cuando a tu lado me encuentro conmigo mismo
Espalda al mundo y a nuestro lejano olvido.
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De un ánima a la otra
"Apaga la luz y cierra la puerta"
Anda, camina por las calles vestida del mundo,
que hay quienes te esperan para soñar contigo.
Desnúdate, hazte viento y cura las almas malheridas
que sufren tus dolores
y socorre a tus pies al final del camino.
Y si no puedes evitarlo por un instante
sientate a mi lado
toma un libro, tomemos café de la misma taza
hablemos todas las vivencias nuestras
hasta que nos madrugue la noche.
Que a tu partida no le sea largo el camino
y a tu pasos no le sea lento el tiempo
para que pases de prisa
para que pases y crezcas.
Y si el pensamiento aquel se apodera nuevamente
Al salir: apaga la luz
y cierra la puerta de esta condena.
Y márchate sin mirar atrás esta casa tan desolada
a esta otra alma malherida y vencida tras la puerta.
Anda, camina por las calles vestida del mundo,
que hay quienes te esperan para soñar contigo.
Desnúdate, hazte viento y cura las almas malheridas
que sufren tus dolores
y socorre a tus pies al final del camino.
Y si no puedes evitarlo por un instante
sientate a mi lado
toma un libro, tomemos café de la misma taza
hablemos todas las vivencias nuestras
hasta que nos madrugue la noche.
Que a tu partida no le sea largo el camino
y a tu pasos no le sea lento el tiempo
para que pases de prisa
para que pases y crezcas.
Y si el pensamiento aquel se apodera nuevamente
Al salir: apaga la luz
y cierra la puerta de esta condena.
Y márchate sin mirar atrás esta casa tan desolada
a esta otra alma malherida y vencida tras la puerta.
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De un ánima a la otra
"Al tocar el fondo"
Quiero levantarme una pena
que duerme cabizbaja en mi hombro cada tarde.
Es la pena aquella
la nube gris que se incorpora en mis pupilas
y moja el frente del paso a pronto dado.
Que cansada es la tarde aquella
en la que mis pasos se hunden en el llanto
anubarrado que cae hasta mi huerto.
Quiero levantarme una pena
secarme el llanto extinto
hasta tocar el fondo que siempre espera.
Quiero levantar de pronto y de buena vez
La no asentada cabeza,
el firme paso que me conduce
por los caminos venideros del futuro.
Quiero levantarme una pena
que duerme cabizbaja en mi hombro cada tarde.
Es la pena aquella
la nube gris que se incorpora en mis pupilas
y moja el frente del paso a pronto dado.
Que cansada es la tarde aquella
en la que mis pasos se hunden en el llanto
anubarrado que cae hasta mi huerto.
Quiero levantarme una pena
secarme el llanto extinto
hasta tocar el fondo que siempre espera.
Quiero levantar de pronto y de buena vez
La no asentada cabeza,
el firme paso que me conduce
por los caminos venideros del futuro.
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El silencio de las palabras.
La ausencia del astro menor
las estrellas respaldan a la noche oscura.
Y cuando las estrellas también se ausentan
¡Qué triste es la noche declamada en mis versos!
Todo lo distante es una oscura silueta
oscura como la noche
Oscuro como el espacio vacío en el cielo
donde no es presente el lucero de plata
y las miles de miradas distantes que nos siguen.
Es mar es intranquilo
Los perros de mi calle caminan cabizbajos,
y sin sombras caminan
y sin calles caminan al sin paradero.
Cuando la luna se ausenta
mi ventana es igual cerrada que abierta.
Es mi verso triste como el feliz que no he escrito.
Es mi guitarra desenfundada
como la voz de un muerto, que cavilo
al deambular por las calles
esperando la madrugada.
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El silencio de las palabras.
"A tu muerte"
Quién iba a prever que aquel silencio inoportuno
sepultaría tu sonrisa.
Temprano a tus cuarentas y tantos
un ser alado en tinieblas atravesó la puerta
y nos dejó en llanto.
¡Qué mañana más fría aquella!
¡qué noticia tan cruda!
¡qué dolor inaguantable ha quedado!
De tan inesperable visita, Padre.
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El silencio de las palabras.
La luna Ausente
Pareciera que te arrastras todos los misterios
de la noche entre los ojos.
Delirante la Saeta se posa ante tus pies
diáfanos sobre la hierba mojada,
y en cada hebra de cabello que reposa
en tu tan lejano horizonte.
Sublime se tejen los sueños de las ninfas del holocausto
y de estas horas condenadas a ver pasar la noche
sin ti a cuestas.
¡Ay de aquellas noches que no te pensara
y me indignara a verte pasar por mi ventana
ahuyenta de los rayos del día!
Era entonces la neblina poseedora de luciérnagas insatisfechas
la que negaba a mis pies de sus pasos,
y a mis ojos del destino abstracto en tu ausencia.
Pareciera que traes contigo todos los caminos recorridos,
y los no recorridos de otros necesitados
del instante único e insomne de tu mirada.
Y los confundes astutamente con los que no recorreré
a falta de unos pasos irreverentes
y de una estrella que me guíe
claramente por los caminos sombríos.
Es difícil, es dura como la imagen inmóvil de un álbol caído
sobre el terreno yermo, la noche sin ti.
Es difícil que se proclamen los noctámbulos en tu ausencia.
En la que se inquieta la marea
que devora la costa roca a roca.
En la que calla el aullido del lobo aguerrido
y todas esas cosas vivientes
como el grillo que obra para sí mismo
sobre tus pasos plantados en la tierra fría.
Pareciera sin tanto parecer que te vence el día nuevamente
y te quedas dormida en mi costado
cubierto de hojas mustias.
Dormida en el hastío
que te arrastra con el viento gélido de la madrugada.
Mas el atardecer de hoy
no trae nuevamente esperanza de tu regreso
y vence en mí, y en mis pasos anticipados,
la neblina que recae sobre el respiro del mundo
sin ti asomada en la ventana
sin ti nadando en mis pupilas.
Sin ti haciendo sombra a la muerte.
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El silencio de las palabras.
I
mas allá me espera el descanso eterno de todo los días.
La noche invita entre ventanas a la luna
esta pasa, y entra como el frío en mi alcoba
e invade todos los rincones con su rito de vaiven
y marcha al ver el Sol en su vuelta y persigue la oscuridad
como si alguien en el más allá
la esperara descubierta y sin brillo.
II
La mañana se levanta en sus cantadas
tras el osado plumaje que encrespa su garganta, y al cielo canta.
Estrepitosamente canta su sonata al tiempo
que pasa sin lamentos, sin llanto y con prisa.
III
El reloj marca la hora pactada,
me levanto de ultratumba y sigo mis pasos
sobre el mundo que se derrumba en su mentira.
Y voy siendo feliz, tristemente feliz y sin rumbo.
al ocaso del fiel atardecer que me espera
incitando a la muerte que canta en soledad.
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Bosquejos
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