VI
 La llama sin humo

 No me ames porque te lo pido...
Por pena siquiera, no me ames.

La pasión a pesar de su complejidad
es deseo propio del individuo, no del ser humano.
Ámame no porque sientas la necesidad
o el deseo de necesitarme, o desearme.

Ámame si estoy o no estoy contigo.
Y si prefieres no me ames, aunque me ames.
No me quieras aunque quieras,
si al final te invade el deseo del olvido.

Escepticismo e incertidumbre

No ames a alguien por necesitad o deseo. Porque el amor no es eso.
No es necesidad, no es deseo.No es pena, ni mucho menos es pasión.
Si estás con alguien por algunas de estas cosas, es eventual que no la amas.
Tampoco es la manera correcta de amar decir que no lo sabemos.
Es un error inmenso y concluyo que lo es, porque amar es otra cosa muy diferente a aquellas que nos condenan a la necesidad, al deseo. A la pena, a la pasión de estar con alguien en nuestra vida para no sentirnos solo. Solo sin dioses y sin todos aquellos demonios que perturban en la más vacía soledad.
Lo que conocemos y creemos que es el amor en nosotros es la necesidad. Otra invención humana para desligarnos de lo que es el verdadero amor incondicional ante todo, y para todo.
Nosotros no amamos a Dios por el simple hecho de pensar que es el principio de todas las cosas.
Todo el que dice amar a un Dios lo que es un gran mentiroso. Hay que ser otro dios para amarlo verdaderamente como nos ama a nosotros a quienes no necesita ni desea. (Si es qué existe un dios, y existo)
Es en sí la representación de un amor verdadero. Si consideramos plenamente la existencia de un diablo que si nos necesita, y desea para hacerle frente a aquel que es todo principio y amor.
Porque por amor nacemos y sin el muchos morimos.
Tal vez por eso no sabemos lo que es el amor.
Es algo palpado, etéreo e inconcluso ante toda teoría humana, pero sentido.

Espacio

Espacio

-¿Qué eres? Me he preguntado tantas veces.
Hago lo posible por recordar al menos que eres
porque hasta ayer he descubierto lo que soy
y lo que no era realmente por instinto.
Alguien dijo que estoy aquí, y aquí existo.
Pero no se quienes o que son
aquellos espectros de lo que habito.
y menos si existen aquí donde estoy plantado
Sentado ha espaldas de lo que no veo y es mirado.
Dicen que estás absolutamente donde no estoy.
Que estoy donde no estás, pero estamos.
-dicen, estamos.
Lo que no existen, eso dicen.
Lo que advierten del destino
inexistente que tenemos predicho
De donde estás y donde estoy
Donde estamos donde vamos
donde vivimos y donde morimos.

Fugaz

Insomne la noche pasa por mi ventana.
Estas cuatro paredes miopes trituran la cordura angosta
que queda desde donde la pienso hasta la puerta.

La noche es oscura entre estrellas fugaces.
Las ventanas abiertas devoran los fantasmas
que se escapan de mis manos.
La luna restrega en mi rostro cabizbajo
la ausencia del día y el aire que transita
desde los rincones más absurdos de mi inocencia.

Cavilo, la noche es fría, mayo aun es joven
y mis veinticinco primaveras pesan más
que aquéllas que aun me restan por vivir
que aun me restan por matar.
Ensimismado en mi delirio llevo en mi rostro
el interminable gesto de tristeza
hasta la almohada que acomoda en si
el sueño, la ilusión marchita, el trabajoso día
que traigo a cuesta, caminando bajo.
Mientras pasajera la noche pasa,
La noche pasa,
la noche pasa y nace el día.




II


Anclado
No me libres del mar, no me libres.
De sus olas y sus rocas
que son como campo de fusilamiento.
No me libres de su profundidad y lejanía
como rostro reflejado en el olvido.

Déjame perderme en silencio, cabizbajo.
Pensando desde adentro lo injusto que es
no condenarme a tus labios, a tu cintura.
Al cáliz de deseos que llevo dentro;
que llevo fuera de mi proa como gaviota errante.
No me detengas, por favor ¡No lo hagas!
Porque no vale la pena quererte así de esta manera
si la gloria que me toca vivir sin ti en esta cercanía,
me sabe al infierno de quedar anclado en tu partida.
I

No vale la pena quererte así de esta manera.
Háblame de tu silencio
que yo te hablaré del silencio mío.
Háblame, dame razones;
dime que existe un convenio irreductible
 en el cual descanzarán los besos mios en tu boca.
Y entender que lo único que muere entre los dos
es la razón de no entendernos
de no hablarnos, y de así querernos;
de no existirnos.
III
Libre 
Yo te quiero libre como el viento,
sin limitaciones, ni largos mares.
Yo te quiero incondicional de mí...
Incondicional del tiempo.

Otros finales



Al Encender las luces, todas.
mató de sorpresa las sombras que entonces le seguían.

Detrás de tu partida.















Al despertar, aquella mirada;
aquella voz distante entre murmullos
solo era la proliferación de la habitual mañana gris
que se adentraba persistentemente por la ventana única
condenada al ultraje del frívolo Sol.
Me abrazaba entonces la mañana fría
a falta de su abrazo siquiera.
Así se hizo sentir su ausencia al regresar
el recuerdo suyo escapando detrás del horizonte
el pleno vuelo.
Dejando mi lecho ungido de su endeble aroma.
dejando en mis manos cicatrices de su osado plumaje.
Dejando en mis labios el deseo de un último beso.
La decrepitud de la tarde tras el horizonte Por el cual marchó
se hizo también recuerdo suyo.
Como las plumas que se desprendían de su cuerpo
Al tocarle el viento que la arrastraba consigo.


Me abrazó frívolamente antes de partir, recuerdo.
Y es el único recuerdo que llevo pasmado desde entonces.
Me desplumó de sí y marchó con mis anhelos de volar a su lado.
-¡Ay por qué le enseñe a volar!
Es hoy mi lamento, martirio y condena
Si a mis intentos de volar a solas
nunca pude despegarme a más de un metro del suelo
donde pisaron alguna vez sus huellas y podía seguir sus pasos.
Al despertar tan solo,
el tiempo se aprovecha y trae consigo
el recuerdo en el cual volaba hasta mi cansancio
en pleno insonmio
.
.

¡Ay amor!




¡Ay amor!
Yo quisiera agradarte tal como soy...
mas al parecer te interesa en mí
Lo que no puedo ser.