la fantasía de Manolo.



Manolo se olvida de soñar
cuando se sienta a ver el Sol dormir en su rostro,
 y como se escapa hacia el horizonte mientras
 lo espía sentado en el desván.
Jura ver a Dios y habla con él todos los días
 en 6 idiomas que solo él entiende que sólo él confiesa.

Manolo reza y reza
mientras hunde sus huellas en la misma fantasía.
Y habla del pecado, del arrepentimiento mientras
se toma  todos los fondos  que encuentra en las botellas
y se fuma ya re-fumado el humo del tabaco concebido. 
Manolo ríe inoportunamente cuando todos lloran;
Manolo llora cuando no tiene más cicatrices en su pecho que contar.

Manolo no está loco,
al menos eso piensan las moscas
y los perros que le siguen. 
Manolo dice  -... ¡Coño Maldito el mundo que está loco!
Mientras sale a correr desnudo bajo la lluvia.

Mi Amigo Memo.


Memo, es amigo de la soledad
de la muerte y sus enemigos.
Amigo del temor y la distancia,
del silencio, del frío y el estío.
Ríe todo el tiempo
y anda de acá para allá como polizonte
en las colas de los camiones que pasan por su frente.

Cuando Memo se pierde y olvida su nombre
se encuentra a sí mismo siguiendo la sombra que le sigue
y muestra su dentellada Alma.

Memo, no sabe cuantos años tiene
pero si cuantos les quedan
en la vida  que guarda en silencio.

Se ríe contigo mientras caminan
pero si no ríes con él
vocifera de una a mil infamias
a tu madre que no conoce.

Memo, cuando está solo 
solo es, cuando es su mejor amigo.
Y más cuando se encuentra frente al espejo;
se ríen juntos, lloran juntos...
se entienden.

Morir-viviendo"









Tuve que romperme las rodillas tantas veces, en el hincado
y así aprender que el camino no es tan difícil 
si nos levantamos a pesar de las heridas.
La boca hasta quedar sin dientes
para hablar sin miedo y sonreír después
con los labios rotos.
Las muñecas, los codos y el cuello
y alabar al menos la vida
que germina de mis andanzas
y florece de mis valores plácidos.

Tuve que romperme tantas veces
los ojos, los pies y el abdomen
para ver la realidad, caminar el destino
que he fraguado curvado,
 deshacerme del hambre
y llorar los valores que se han muerto.
La nariz, los oídos y las ilusiones
para respirar de la vida alguna esperanza,
escuchar alguna verdad
y dar muerte a los suspiros.


Tuve que romperme  el alma, 
el corazón acincelado  y la conciencia tantas veces
y así aprender a querer
a pesar de tanto rencor oculto,
a pesar de morir-viviendo.

Anhelos Compartidos (Musa Boba)























Acuérdate de mi al despertar
como yo de ti antes de dormir,
y si sientes al suspirar
que el tibio aire de la madrugada
acaricia tu rostro y besa tus labios,
duerme, sueña y piensa en mi
como yo en ti en las mañanas .
Cuando sueño ser el centinela
insomne de tus noches.
y en las mañanas
aquel aire tibio que se cuela por tu ventana
y roza tu piel y besa tus labios.

Acuérdate de mi al despertar
como yo de ti antes de dormir,
y así como he de soñarte en esta soledad
seguir siendo el fantasma
que se posa en los rincones de tus ojos
y verte sonreír cuando te miras en el espejo
que secuestra tu mirada triste
en aquellas noches en que te duermes
mirando las estrellas y la luna
que tanto he de mirar cuando tu ausencia
se retuerce entre la sabana
de mi lecho frío.

Acuérdate de mi al despertar
como yo de ti antes de dormir,
y déjame ser quien
seque el llanto de tu rostro dormido
y hacer contigo en el lecho idealizado
de nuestros anhelos compartidos
mañana en la mañana
la realidad que tanto hemos soñados,
la que tanto en sueños hemos vivido.

Cirio.




















Cuán hermoso ha de ser tu fulgor,
radiante con el cual nos deslumbras la mirada
y nos exalta la piel que nos cumbre y muere.
Que brillantes e intensas son tus flamas,
y mientras más grande es tu llama
más rápido se extingue tu existencia,
como mis sueños al contemplarte.

Mujer de la Sierra

¡Oh mujer que naces entre matojos del olvido
y con triste gemido de niño
dejas tu esencia por donde pasas!
¿Por qué tu rostro acongojado me ha llamado al destierro?
Tú, mujer ciguapeña, bella y arisca,
de  piel velluda  y pies extraños.
¿Por qué Me miras triste y con deseos de amar me hechizas,
mujer extraña de tierra inmaculada, fresca y lejana?
Tú, que vistes el cuerpo desnudo con el pelo largo
suave y lustroso que nace de tus entrañas
y se desborda de tus pensamientos.

¿Por qué la indecisión de haberme amado
si al final me dejas en los brazos depravados
de la muerte que nadie espera?
Yo, que he saciado tu antojo
el deseo carnal que agobió eternamente tu ser
mujer de corazón salvaje y sueños perdidos.
Ahora vociferas mi muerte a ver mi cuerpo allí tendido
en tu lecho de hojas secas
                                 en tus pechos malheridos.
A un amor segundo



Déjame entrar en tu aire, en tu rabia
en el respiro de tus pulmones y respirar contigo.

Déjame ser aquella luz distante
que brilla en tus ojos, el final de tu camino,
el agua que sacia tu sed insaciable.
Déjame ser el calor volcánico
que descansa en tu pecho lleno de vida
en la aurora silente que duerme
en tu cuerpo desnudo, estupefacto
colmado de delirios.
Déjame estar allí, solitario contigo
surcar en tus más profundos pensamientos
o sólo déjame entrar en tu alma compleja y herida,
 para curarte de mí y hacerte sentir lo que siento.

Déjame ser las palabra errada que dices
la parsimonia estancada en tu corazón miope
la razón quemante que desata fervor en lo que piensas,
o sólo déjame ser parte de tu vida, simplemente
ser tu alegría y vivir tus tristezas sin valía,
con mucha  franqueza.



Pintura : Niño y niña mirando la luna


de Norman Rockwell.



Madre Tierra

Traes nuevamente la primavera en mí
y curas las heridas de esta alma miserable;
andante sin rumbo y sombra que le siga.
Traes nuevamente la esperanza entre tus dedos
por la que se cuela el enigma de las llamas vencidas
que renace nuevamente de las cenizas
y emergen de ellas aquella esencia perdida
que llamamos alma y en ti renacen.



Encadenados.




¿Cómo retornar si la distancia nunca estuvo
a menos de tres pasos de nuestra endeble alma?

En esos perpetuos segundos
hicimos efímeros el lapsus fatídico del tiempo,
cuando nuestras razones se perdieron
en algunos versos errados,
que escribieron nuestras manos
cuando más estaban airadas
ante irónicas conclusiones.
Hoy
se apagó la bruma que secuestró nuestros deseos,
con las luces que yacieron de las penumbras escondidas
detrás de nuestras manos.

Y volvemos encadenados
en el cálido respiro que se asienta entre las vainas
que moldean nuestros labios.

Y así conquistamos en tierras perdidas,
las razones para concluir
que nuestro amor nunca estuvo extraviado
entre el frívolo ventarrón
que alegaba nuestras sombras en cada paso.

Arrepentido ante la misma muerte.

Bajo el ocaso de una noche inolvidable escuchó la triste nota silente que lo estimulaba a seguir hacía el final tentador de aquel camino oscuro, de descanso eterno, de muerte.

Tras el paso de sombras y sombras agonizaban los recuerdos y se desvanecía la esencia de su ser en la oscuridad que dejaba después que los misterios de aquella noche ahuyentara sus sentidos.

Sintió el tacto frío y el corazón de la muerte en sus hombros, mientras se desplazaba de entre otros brazos con la suave melodía que tocaba su voz sonante en el susurro sollozo del viento que acariciaba sus pálidas mejillas.

-Déjame vivir. -dijo.
Para contarle al mundo después
lo que al desearte he sentido.
-Déjame vivir y te prometo
que te espero sentado para cuando regreses.

Despertó en la mañana fría aquel cadáver vivo y resonante con la  luz que traicionó el gran momento de aquella qué allí seguía tan romántica e insurgente, marchitando la flores prohibidas de la vida que decomisó su récord en un imposible suceso que jamás le había pasado a nadie antes de haberse arrepentido al desear la misma muerte.